Hace aproximadamente un mes, tuve uno de esos días en los que nada sale bien. Tareas, trabajos y proyectos, entre otras cosas, creaban una peso que no podía cargar. Sentirme inseguro acerca de mis capacidades solamente empeoraba las cosas. No era solo un día malo; toda la semana había transcurrido de una manera poco deseable.

Al llegar a mi cuarto, decidí abrir la Biblia y buscar un pasaje que me pudiera dar ánimos, que pudiera saciar mi hambre. El salmo 23 estaba impreso en la primera página que vi, así que comencé a leerlo.

Leí el primer versículo tres veces y cerré mi Biblia. Era todo lo que necesitaba. En ese momento sentí alivio y consolación. ¡No tenía que preocuparme!

Dios me decía: "Yo proveeré y cuidaré de ti".
Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

 



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